House: esto se acaba
Aviso: en este post se incluyen spoilers de lo ocurrido hasta el final de la séptima temporada de House… y alguna que otra especulación.
Bueno, 2 entradas en menos de 1 mes, últimamente estoy desatado…
El caso es que una de las razones que me fuerzan a vencer la pereza de seguir escribiendo son algunas pequeñas tradiciones, una de ellas es la de escribir sobre House, ya que me he fijado que he escrito sobre todos los finales y principios de las últimas temporadas: House tocando fondo e internado en un psiquiátrico, House reformado y afrontando la vida con un puntillo optimista, Cuddy acudiendo al rescate de House y reconociendo al fin sus sentimientos hacia él y comenzamos esta séptima temporada con House y Cuddy en una extraña situación en la que tendrían que compatibilizar su relación profesional con la personal que por otra parte iba viento en popa.
Sabíamos que esto no podía durar, que al final, de una manera u otra House la cagaría, Cuddy se daría cuenta de que esa relación no le iba a dar más que dolor y se terminarían separando; es más, si no fuera así seguramente la serir correría peligro de convertirse en una especie de sitcom, una sitcom que probablemente yo disfrutaría pero que no sería House. El caso es que eso fue lo que pasó y lo llevaron de una manera pasablemente buena, a House se le va la olla, se casa con una puta y vuelve Thirteen, hasta aquí todo correcto (obviemos el molesto y prescindible personaje interpretado por Amber Tamblyn)
Pero uno no vive en una burbuja y de repente lee noticias inquietantes de que Lisa Edelstein deja la serie por problemas económicos, además; llamadme ingenuo pero me gustaría pensar, ya sé que no es así, que a la hora de crear tramas e introducir o sacar personajes de una serie se tienen en cuenta solo criterios artísticos. Odio esos finales de temporada en los que hay un cliffhanger barato en el que hay un tiroteo o explota una bomba cuyo resultado no lo deciden los guionistas (o la pericia de los médicos de urgencias que atienden a los heridos) sino el Departamento de Recursos Humanos, todo esto me recuerda un poco a lo que le pasó a Drake Ramoray en Friends.
Sabiendo todo esto, el final supuestamente impactante de la séptima temporada de House me impactó más bien poco y me cabreó más bien bastante, seguramente en gran parte por lo que fui acumulando de prejuicios antres de verlo pero en otra parte importante porque me ha parecido metido con calzador, porque House hasta ahora había sido un tipo egoista, que se pone a sí mismo por delante de todo el mundo y muy capaz de hacer daño para salirse con la suya o demostrar algo; el House del final de la séptima, sin embargo, es simplemente un cabrón, dispuesto a hacer daño (mucho daño, de hecho, quizás la paternidad ha cambiado mi punto de vista, pero ahí había una niña a la que hubiera atropellado sin ningún miramiento) por el simple hecho de hacerlo. House era un tipo que podía resultar simpático a quien no fuera el destinatario de su mala uva, este House simplemente ya no me resulta simpático.
Ahora sabemos que la próxima temporada será probablemente la última temporada y que para saber lo que pasará de ahora en adelante tendremos que vigilar la situación contractual de los actores protagonistas. En realidad esto es como las hamburguesas de un sitio cutre, que te encantan pero no quieres saber lo que pasa en la cocina, para disfrutar de House no necesito saber que la cadena que la emite (Fox) ha pedido a la productora (NBC Universal) que baje el presupuesto, ni que de los actores principales solo Hugh Laurie, Olivia Wilde, R.S Leonard y Omar Epps tienen contrato y solo durante un año. Seguramente el año que viene me comeré una hamburguesa más porque sé que el restaurante va a cerrar, pero por otra no paso, que tengo el colesterol alto.



